Después de haber investigado, me dirigí a la esquina donde había encendido las velas, donde también había quedado el "conejito" de grasa. Al acercarme, descubrí que había encendido nueve velas, una por cada uno de los nombres que había visto en el primer capítulo.
"¿Qué demonios estás haciendo?", pregunté, "¡¿Por qué encendiste nueve velas?".
"No lo sé", respondió, "Solo sentí la necesidad de hacerlo. Las velas me llamaban".
"Las velas no llaman", dije, "Hay algo más aquí. ¿Escuchas eso?".
Al principio, solo oía el sonido de mi propia respiración, pero luego, empecé a oír un sonido sordo, como si algo estuviera golpeando contra el suelo.
"¿Qué es eso?", preguntó Shirley.
"No lo sé", dije, "Pero creo que debemos tener cuidado".
Me acerqué a la esquina donde había encendido las velas y, al hacerlo, noté que las velas estaban temblando. Al mirarlas más de cerca, vi que estaban girando lentamente, como si estuvieran siendo movidas por el viento.
"¿Qué está pasando?", preguntó Shirley.
"No lo sé", dije, "Pero creo que debemos salir de aquí".
Pero antes de que pudiéramos movernos, el sonido golpeando contra el suelo se hizo más fuerte. Al principio, creímos que era simplemente el sonido de nuestras propias voces, pero luego, nos dimos cuenta de que no era nuestro.
"¿Quién está ahí?", preguntó Shirley.
"No lo sé", dijo, "Pero creo que debemos tener cuidado".
De repente, una sombra se cernió sobre nosotros. Al principio, no podíamos ver qué era, pero luego, nos dimos cuenta de que era una figura humana.
"¿Quién eres?", preguntó Shirley.
"Soy el Rey", dijo la figura, "Y he venido a buscarte".
"¿Quién eres tú?", preguntó yo, "Y ¿qué quieres de nosotros?".
"Soy el Rey", dijo la figura, "Y he venido a pedirte que me ayudes a escapar de este lugar. He estado encerrado aquí durante muchos años, y necesito tu ayuda para salir".
"¿Por qué nos pedimos ayuda?", preguntó Shirley.
"Porque soy tu amigo", dijo el Rey, "Y quiero ayudarte a salir".
"¿Por qué nos ayudarías?", pregunté, "Si no es porque quieres algo a cambio".
"No quiero nada a cambio", dijo el Rey, "Sólo quiero que me ayudes a salir".
"Si es así", dije, "Te ayudaremos".
"Gracias", dijo el Rey, "No sé cómo agradecerte".
"No hay de qué", dije, "Sólo queremos que puedas salir".
El Rey sonrió y luego se desvaneció.
"¿Qué ha pasado?", preguntó Shirley.
"Creo que hemos conocido al Rey", dije, "Y creo que nos ha ayudado a salir".
"Sí", dijo, "Creo que lo hemos hecho".
Salimos de la tumba y nos fuimos corriendo.