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Capítulo 111: Pelear con el Príncipe Verdad de los Santos Cielos reemplaza al Maestro Viento (2/2)

Xiao Lan se horrorizó. No entendía lo que había pasado. ¿Por qué la mujer estaba muerta? ¿Y por qué él lo había hecho?
De repente, Xiao Lan sintió que algo se movía en su interior. Era una sensación extraña, como si estuviera siendo arrastrado hacia otro lugar.
Xiao Lan cerró los ojos, y trató de bloquear la sensación. Pero no pudo. La sensación era demasiado fuerte.
De repente, Xiao Lan se encontró en otro lugar. Era un lugar oscuro y frío. Y estaba solo.
Xiao Lan gritó, pero nadie lo oyó.
Después de un rato, Xiao Lan se encontró de nuevo en el suelo. Miró a su alrededor, y vio que estaba de nuevo en el interior de la casa.
Pero algo había cambiado.
Xiao Lan ya no sentía la misma tristeza. Se sentía... diferente.
Xiao Lan se levantó, y salió de la casa.
De vuelta en el pueblo, el Emperador se había detenido en la puerta. Estaba esperando a Xiao Lan.
Cuando Xiao Lan salió de la casa, el Emperador lo saludó con una sonrisa.
"Hola, Xiao Lan", dijo el Emperador. - "Me alegro de verte".
Xiao Lan le devolvió la sonrisa, pero no entendía por qué el Emperador estaba tan feliz de verlo.
"¿Qué ha pasado?", preguntó Xiao Lan. - "¿Por qué todos DST están aquí?"
El Emperador sonrió.
"No te preocupes", dijo. - "Todo está bien. Ya todo está resuelto".
Xiao Lan frunció el ceño.
"¿Resuelto?", preguntó. - "¿Qué quieres decir con 'resuelto'?"
El Emperador se encogió de hombros.
"Ya sabes", dijo. - "No es necesario que lo sepas".
Xiao Lan no entendía. Pero sintió que era importante que lo supiera.
"Por favor", dijo. - "Dime qué ha pasado".
El Emperador suspiró.
"Está bien", dijo. - "Te lo contaré".
El Emperador se sentó en un banco, y le contó a Xiao Lan lo que había sucedido.
Xiao Lan escuchó atentamente. Pero cuanto más escuchaba, más confundido se sentía.
"No lo entiendo", dijo Xiao Lan. - "Por qué todo esto ha pasado?"
El Emperador suspiró.
"No lo entiendo", dijo. - "Pero creo que ya sabes por qué".
Xiao Lan miró al Emperador.
"¿De verdad?", preguntó. - "¿Por qué crees que ya sé por qué?"
El Emperador sonrió.
"Sí", dijo. - "Porque ya lo sé".
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