"¡No!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", dijo Wen Ning. "Cuando te retiraste, tenías miedo. Una mujer te preguntó quién eras, y de dónde venías. Dije..."
"¡No!", gritó Jiang Cheng.
"¡No!", dijo Wen Ning. "Dije que era el hijo de una persona que poseía oro, el señor Wei. También te dije que tu casa había sido destruida, que el lago de lotos estaba en caos, y que el Maestro Wen te había robado tu esencia."
"¡No!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", dijo Wen Ning. "Te dije que era el hijo de una persona que poseía oro, el señor Wei. También te dije que tu casa había sido destruida, que el lago de lotos estaba en caos, y que el Maestro Wen te había robado tu esencia. Y luego, una mujer te preguntó más sobre tus padres. Cuando te terminaste de contar, de repente olí un aroma..."
"¡¿Cómo lo sabes?! ¿Cómo lo sabías?"
"Te lo dije", respondió Wen Ning. "Estaba allí. No sólo yo, sino el señor Wei también.
"No sólo yo, sino mi hermana, Wenqing, también estaba allí. O, más bien, sólo los tres éramos.
"Jiang Zong, ¿crees que este es el lugar secreto de los Shan? El señor Wei tampoco sabía exactamente dónde buscar. Su madre, Shan, nunca pudo darle información sobre la escuela. Esta montaña sólo es una montaña abandonada de Yiling!"
Jiang Cheng repitió las mismas palabras una y otra vez, tratando de ocultar su repentino vacío de vocabulario: "¡Mentira! ¡Ya es suficiente! ¿Cómo se recuperó mi esencia?"
"Tu esencia nunca se recuperó. Tu esencia ya la había consumido el Maestro Wen", dijo Wen Ning. "Es por eso que creí que se había recuperado. Mi hermana, la mejor médico de la familia Shan, Wenqing, tomó tu esencia y la dio a ti.
"¡No!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", dijo Wen Ning. "¡Cállate!", dijo Wen Ning.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.
"¡Cállate!", gritó Jiang Cheng.