Chen Yue le tendió su libro de ejercicios y dijo: —El profesor nos dijo que íbamos a escribir en estos libros, pero como no estábamos aquí, podemos hacerlo más rápido. Si no terminamos antes del final, deberemos copiar las notas.
Duan Xucheng miró hacia los lados, y se dio cuenta de que la clase había sido abandonada.
—¿Qué capítulos? —preguntó Duan Xucheng, buscando ayuda entre sus compañeros.
Lu Xingci sabía que el profesor era impaciente, pero en realidad lo era aún más.
Con los veintitantos estudiantes ausentes, la clase parecía un campo de batalla sin soldados. Era realmente incómodo verlo.
En silencio, todos se sintieron avergonzados al ser una carga para Lu Xingci y le pidieron que entrara a la sala.
—Voy a ir a tocar a la puerta —dijo Chen Yue.
Incluso Duan Xucheng no se opuso a esa idea.
Lu Xingci sacó su propio libro de ejercicios: Capítulos 7 y 8, ¿podría terminar uno antes del final? Le preguntó a todos.
—¡Estamos tan felices! —exclamaron todos.
¿Qué fuerza era esa que les daba seguridad en solo una frase?
La fuerza de un genio académico.
El libro era creado por los profesores de química de la escuela, con pocos ejercicios pero altamente difíciles. No había respuestas exactas en internet, solo preguntas similares y los estudiantes debían razonar sus respuestas.
Los mejores alumnos se repartieron las tareas y empezaron a buscar respuestas.
Duan Xucheng no tenía permiso para tocar ningún ejercicio, pero ese estúpido seguía incitando.
—¡La batalla entre hombre y máquina está en marcha! —exclamó Duan Xucheng. —¡El equipo con los celulares ganará!
Lu Xingci le dio un lápiz a Duan Xucheng, mirándolo fijamente: ¿Cómo puedes hablar tanto?
Duan Xucheng respondió: —Mi boca tiene su propia vida; no puedo pararla.
Los ojos de Lu Xingci se posaron en los labios de Duan Xucheng. Duan Xucheng sintió que algo lo golpeaba, una corriente eléctrica que le recorrió la espalda.
Ese instante pareció un desafío nuevo: ¿Habías visto eso antes?
—No —respondió Lu Xingci.
Su repentina bondad hizo a Duan Xucheng sospechar.
—¿Por qué no te pides que te escriba los problemas de química con tu boca? —le preguntó Lu Xingci, lentamente.
Duan Xucheng solo se quedó en silencio.