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Capítulo 115: ¿Quién Soñó? (2/3)

Audrey se sintió como dueña del mundo. Su conciencia flotó, y desde una perspectiva superior observó escenas:
Su padre e madre caminando por el sendero del jardín, disfrutando del amanecer y oliendo la fragancia;
Sus hermanos mayores, Hebert y Alfred, que habían olvidado sus diferencias, montaban a caballo con sus escoltas, riendo mientras entraban en los bosques para ver quién cazaba más;
Los embajadores de Farsaque, Intice y Finneporte firmaban acuerdos en la Corte de Solrak, declarando que no habría guerra, y los nubarrones se desvanecían del cielo;
La contaminación de Backlund disminuía. Las fábricas superaban las revisiones dobles por el Fiscal del Bicarbonato y la Comisión para Investigar la Contaminación Atmosférica, extendiendo estas normas a otros países;
Los trabajadores tenían condiciones laborales y entornos adecuados, y los diversos sectores de la economía progresaban. La población de vagabundos disminuía hasta niveles inimaginables. Los planes de seguridad del reino cubrían a todos;
Más y más trabajadores podían permitirse bicicletas, y en las calles, se formaban columnas de bicicletas que sonaban con ruidos metálicos mientras se dirigían a diferentes lugares.
Los niños ya no entraban en las fábricas en la infancia. Rieron y corrieron hacia aulas bien iluminadas y limpias para estudiar, leyendo sus libros de texto y escuchando atentamente. Si no estudiaban era porque no querían, no por falta de oportunidades;
Las mujeres ya no eran discriminadas por su sexo; incluso las lavanderas podían obtener un trabajo mejor con el conocimiento que adquirieron, siendo periodistas, maestras, policías, militares y mineras. Estaba en cada industria formal;
Máquinas de todos los tipos aparecían en las calles y proporcionaban comodidad e ilusión a la gente;
En la plaza frente al templo nocturno, palomas blancas se alzaban o caían mientras personas sentadas, estando de pie o tocando instrumentos, gozaban plenamente de su vida...
Esto era el futuro que Audrey soñaba. Los extraños poderes vivientes podrían vivir en la luz, usando sus habilidades extraordinarias para ganarse dinero legalmente.
"¡Es maravilloso...! Si no estuviera despierta ahora, probablemente caería en este sueño y bajaría de la conciencia para pasear con mis padres, cazar con mis hermanos, ir a la escuela por veces e incluso trabajar por el bienestar del mundo..." Audrey miró su sueño, sintiendo una mezcla de emoción.
Entonces, sintió cómo su cuerpo astral se elevaba, superando los confines de ese mundo gris.
Vio que sus propios sueños se expandían como una gran burbuja, creciendo desde la isla de la conciencia y cubriendo tranquilamente esa área.
Esa "burbuja" estaba rodeada por una nube grisácea. Encima de ella, un majestuoso palacio antiguo.
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