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Capítulo 72: Exploración (1/2)

Villard se ahogó en un bocado de saliva, experimentando una especie de miedo indescriptible. No sabía exactamente lo que temía; después de todo, no había ningún peligro real. Solo la caída accidental de una gota desconocida desde una altura lo había dejado con escalofríos y los poros cerrados.
Quizás el ambiente era demasiado oscuro y silencioso, o tal vez esa gota desconocida… Villard retrocedió cautelosamente un par de pasos mientras observaba atentamente.
Durante las siguientes minutos no ocurrió nada extraordinario; ninguna otra gota cayó desde arriba. Esto le llevó a pensar que había sido solo una avispada que había traído un pez marino, y la superficie del pez contenía esa sustancia pegajosa.
Villard se calmó y volvió a inspeccionar las ruinas de la oficina telegráfica. Transcurrieron cerca de diez minutos hasta que confirmó que todo lo que había ahí eran marcas de sangre, pinturas rudimentarias y símbolos misteriosos; valía investigar.
No se atrevió a recoger las marcas rojas ni a fotografiar los extraños murales. En su lugar, sacó un espejo de cristal puro y perfecto. Como astrólogo, tenía que usar la técnica que más le conocía para confirmar si debía actuar.
Hizo un gesto con la mano izquierda sosteniendo el espejo, mientras tocaba su superficie con la derecha, Villard entró en estado de astrología.
En el siguiente segundo, el espejo emitió una luz brillante.
¡Crac!
Se partió en pedazos y arrojó los fragmentos por todas partes.
Villard se quedó paralizado, inmóvil en el mismo lugar, tan atónito que olvidó la sensación de dolor causada por las piezas del espejo clavadas en su cuerpo.
“¡Explotó… explotó!” exclamó con voz temblorosa. Las piezas del espejo se habían incrustado sin romper el largo traje antiguo, cayendo luego sin rociar sangre alguna sobre él; aunque, algunos fragmentos quedaron adheridos a su mandíbula y cara, causando pequeñas heridas.
“¿Quién eres?” Villard se sobresaltó y miró en dirección contraria. Una figura apareció de las ruinas: la dama que había visto en el barco pirata, con un atuendo ligeramente excesivo.
Ella se había escondido bien y Villard no la había notado, pero su reacción al estallido del espejo fue evidente. Se había revelado demasiado pronto, fracasando en el intento de seguirla ocultamente.
La cara de Villard mostró un leve dolor mientras miraba a la dama:
“¿Por qué estás aquí?”
Ella sonrió y adoptó una actitud desinteresada:
“Estoy en el puerto de Bansen, ¿no es tu casa? ¿Por qué no puedo estar aquí?
“¡Boredom! ¡Quería pasear por tierra y encontrar algunos joyas para recoger! ¿No está bien?”
Ella hizo dos preguntas seguidas sin darle margen a la respuesta. Villard se mantuvo en silencio, extrayó ungüento y alcohol esterilizado de su bolsillo para tratar sus heridas en la cara y alrededor del mentón.
No quería dejar sangre en ese lugar tan extraño. Luego, Villard tiró del ornamento en el traje antiguo. Era un diseño de “puerta” formado por tres rubíes, tres esmeraldas y tres diamantes.
En cuestión de segundos, la ropa se tensó, revelando los músculos de Villard.
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