¡Solo 10 libras? No está mal… —Cline fingió indiferencia y preguntó:
—¿No te preocupa que los secuestradores se despierten y sospechen de la influencia de la fuerza sobrenatural?
—No se lo pensarán. Creerán que cayeron dormidos debido a la buena climatología —respondió Leonard con confianza.
"¡Hum!" Cline dejó de preocuparse, solo recordando que había olvidado algo.
Regresaron a Zolander Street sin esperar a Antriognus y caminaron hasta el hogar del doctor Welch. Caminaron por diferentes rutas para llegar a casa, aprovechando la oportunidad para comprar carne, coliflor y otros ingredientes para la cena.
Cena familiar y tranquila como siempre, con sus hermanos compartiendo suavemente las tareas de estudio mientras un visitante imprevisto tocaba la puerta. Era un trabajador que venía a recoger todas las monedas del contador de gas.
La noche se hizo cada vez más profunda; los hermanos intercambiaron buenas noches y fueron a sus respectivas habitaciones.
Cline durmió plácidamente hasta que un ruido sutil lo despertó. Abrió la puerta confundido y se dirigió al dormitorio vacío.
Al abrir la puerta manchada, Cline vio una mesa gris.
Sobre ella estaba un cuaderno con una cubierta de cartón totalmente negra.
Una sensación de familiaridad inexplicable se instaló en su mente. Se acercó y abrió el cuaderno.
La primera página mostraba la figura del "Cobarde", vestido con ropas finas, luciendo un adorno brillante.
"El Cobarde" llevaba escrito debajo una línea de hermético:
"Todavía moriremos todos, incluso yo."
Cline se sobresaltó al ver cómo el rabillo del "Cobarde" comenzaba a retorcerse.
¡Zap!
Se sentó derecho, viendo la luna roja filtrarse por las cortinas, el estante de libros y su propia habitación, dándose cuenta de que había tenido un mal sueño.
Como "Divinador", comprendía que los sueños a menudo revelaban algo. Entonces, repasó con atención.
En la memoria vaga, Cline se congeló; recordó qué había olvidado ese día:
Durante el canto de Leonard, sintió una presencia formless, indiferente y en silencio que lo observaba desde atrás.
Esta sensación era diferente a cualquier meditación o uso del vistazo espiritual normal, dándole un sentimiento de familiaridad.
Según las palabras de su capitán, Dunne, si esa sensación aparecía, significaba...
Cline se sentó derecho y confirmó:
Sí, era ese cuaderno. Ese cuaderno de la familia Antígono!