Ye Anqian comprendió que el regalo de Zhou Zijian era un recordatorio doloroso del pasado, una señal de que él aún estaba con alguien más.
Entraron en silencio hasta que Jiang Yuhuan dijo: "A veces pienso... si hubiera sabido que estabas casado... no habría..."
Ye Anqian se sintió culpable. Había sido ella quien le había ocultado la verdad, pero ahora veía lo difícil que era para Jiang Yuhuan.
"No te culpes," dijo Ye Anqian con suavidad. "Nadie puede prever el futuro."
Jiang Yuhuan asintió y suspiró. "Tal vez... tal vez deberíamos separarnos..."
Ye Anqian sintió una punzada en el corazón al escuchar esto, pero comprendía la realidad.
En aquel momento, Zhou Zijian entró al hospital. Ye Anqian notó que estaba nerviosa y decidida.
"¿Qué has estado haciendo?" preguntó Zhou Zijian con fuerza.
"Solo... solo trataba de entender," susurró Jiang Yuhuan con lágrimas en los ojos.
Zhou Zijian se sintió culpable, no podía soportar la situación. Se abrazaron y lloraron juntos, compartiendo su dolor.
Mientras tanto, Ye Anqian fue a una reunión de amigas para intentar despejar su mente. Qian Liang, su mejor amiga desde la infancia, la había convencido de ir.
Las tres amigas se sentaron en un bar y bebieron juntas. Qian Liang notó que Ye Anqian estaba más taciturna de lo normal esa noche.
"¿No bebes?" preguntó Liang.
"Sí, pero hoy es diferente," respondió Ye Anqian con una sonrisa débil.
Liang y Ksiao Sang se preocuparon por ella. "¿Por qué estás tan triste?"
"Simplemente... no me siento bien," dijo Ye Anqian evasivamente.
Qian Liang comprendió que algo le estaba sucediendo a Ye Anqian. "Pero... ¿por qué beber ahora?"
Ye Anqian se sintió obligada a hablar, ya que sus amigas eran como hermanas para ella. "Estoy... estoy triste por Jiang."
Ksiao Sang alzó la voz. "¿Qué ha pasado con él? ¡Nos dijeron que se suicidó!"
Ye Anqian asintió. "Sí, pero no fue solo eso..."
Liang y Ksiao Sang estaban atónitas. "¿Qué más?"
Ye Anqian les contó la historia de Jiang Yuhuan, cómo había descubierto su matrimonio y el embarazo.
Qian Liang se sentía aliviada pero también triste por su amiga. "Entonces, ¿qué haremos? ¡Tenemos que ayudarla!"
Ksiao Sang asintió con fuerza. "¡Tienes razón! Tenemos que encontrar una solución."
Pero Ye Anqian sabía lo complicado que sería. "Necesitamos ser discretos y no exponerlo más... al menos por ahora," suspiró.
Qian Liang la tomó de las manos, dándole fuerza. "Sabemos que Jiang es una buena persona. ¡Podemos ayudarlo!"
Las tres amigas se abrazaron, prometiendo mantenerse unidas en esta difícil situación. Ya sea con palabras o acciones, estarían ahí para apoyarse mutuamente.
Al final, el regalo dorado recordó a Ye Anqian que, aunque las cosas fueran difíciles, siempre había esperanza. Con ese pensamiento en mente, se despidió de sus amigas y regresó a su vida en Beijing, con un nuevo propósito de ayudar a Jiang Yuhuan.