—¡Pero... ¿Cómo es posible? —Pensó Xiao Yan. Si la muchacha Qinglin tenía doce años, eso no encajaba con las probabilidades.
Con cierta empatía, Xiao Yan acarició el cabello de la pequeña y le dijo: "Son hermosas tus escamas."
— ¡¡Señor! —La muchacha se sorprendió. Fue la primera vez que alguien decía que sus escamas eran bonitas, incluso para ella.
Sus ojos verdes brillaban con una mezcla de emoción y miedo mientras preguntaba: "¿V-V-Ves mi escamas?"
Xiao Yan notó que los pequeños puntos en su mirada habían desaparecido. Tras un momento de asombro, se dio cuenta de que tal vez había visto mal.
—Supongo que es el efecto del alcohol de anoche —suspiró Xiao Yan mientras la ayudaba a vestirse.
—Disculpe por haberle asustado —dijo Qinglin con voz temblorosa.
Xiao Yan sonrió y le explicó: "Voy a ver a mis hermanos. ¿Podrías llevarme al salón de reuniones?"
—¡Sí, señor! —Respondió la muchacha.
Salieron del cuarto, y el sol matutino los calentaba con su luz cálida. A pesar del calor del desierto, era temprina y no les molestaba tanto.
Mientras caminaban por el campamento, todos los mercenarios que pasaban se detenían para saludar amistosamente a Xiao Yan. Pero su mirada se volvía fría cuando notaban a Qinglin.
Xiao Yan suspiró en silencio. La muchacha era consciente de que los otros la trataban mal, y cada mirada despectiva hacía que temblara.
—No te preocupes por las miradas —dijo Xiao Yan al pasar junto a una curva del camino—. Recuerda, vives para ti misma.
La muchacha asintió y siguió a Xiao Yan, quien caminaba sonriente mientras les mostraba el campamento de los Mercenarios de Hierro Silex.
En la entrada del campamento, Xiao Yan se detuvo ante la mirada despectiva de los demás. Sabía cómo era ser maltratado debido al odio de otros, pero Qinglin era inocente y a su lado, sentía compasión por ella.
—Vamos a dar un paseo —dijo Xiao Yan, agarrando el hombro de Qinglin mientras caminaban hacia la plaza central.
Seguido por la mirada asesina de los demás, se adentraron en el corazón del campamento, donde Xiao Yan explicaba su historia y las circunstancias actuales a Qinglin.
—Veras, somos una mezcla de humanos y serpientes —explicó Xiao Yan con una sonrisa triste.
Qinglin asintió tristemente mientras escuchaba, notando la mirada envidiosa de los demás al verla.
Por fin, Xiao Yan detuvo su paso cuando llegaron a un área central del campamento. Se dio la vuelta y le dijo: "No te preocupes por lo que piensen otros."
Así, Xiao Yan continuó caminando hacia el centro del campamento, donde esperaba ver a sus hermanos.
Seguidas de la mirada despreciativa de los demás, se adentraron en el corazón del campamento, donde Xiao Yan explicaba su historia y las circunstancias actuales a Qinglin.
—Veras, somos una mezcla de humanos y serpientes —explicó Xiao Yan con una sonrisa triste.
Qinglin asintió tristemente mientras escuchaba, notando la mirada envidiosa de los demás al verla.
—Gracias, Señor Xiao Yan... —susurró Qinglin, antes de correr para alcanzar a Xiao Yan, quien ya se había adentrado en el corazón del campamento.
La conversación y las palabras de Xiao Yan habían dejado un rastro de esperanza en la pequeña.