Capítulo veintitrés: Combate entre guerreros poderosos El sol brillaba con fuerza en el cielo, proyectando una luz cegadora sobre la vasta llanura. En medio de ella, dos figuras eran casi inmaculadas contra el verde dorado del pasto. Uno era Ye Ziwen, con su mirada penetrante y su armadura plateada reluciente al sol. El otro era Zhang Wei, cuya estatura imponente y el brillo intenso de sus armas daban a entender que era un guerrero formidable. —Prepárate, Ye Ziwen —dijo Zhang
Wei con una sonrisa fría en su rostro. Su voz resonó como un trueno en el silencio del campo. Ye Ziwen asintió levemente sin desviar la mirada de Zhang Wei. Con un movimiento rápido y elegante, extendió su brazo y formó un círculo mágico en el aire. Magia comenzó a brillar alrededor de él, creando una barrera protectora. Zhang Wei empuñó su espada y lanzó un ataque letal. La hoja reluciente se movió con una velocidad sobrenatural hacia Ye Ziwen.
Este, sin embargo, se movió con la misma agilidad, desviando el golpe con un salto hábil. —Eres fuerte —admiró Zhang Wei mientras retrocedía un paso, su rostro mostrando respeto ante la habilidad de Ye Ziwen. Sin embargo, no era tiempo para complacencia. Ambos guerreros se prepararon para el siguiente ataque. El silencio era absoluto en el campo, solo interrumpido por los susurros de la brisa que soplaba suavemente entre las hierbas. De repente, Zhang Wei hizo un movimiento sorprendente y
lanzó una serie de ataques simultáneos con ambas manos. Las hojas de sus espadas parecían moverse como seres vivos, cegando a Ye Ziwen con la luz reflejada. Con una gran destreza, Ye Ziwen se movió hacia atrás, pero incluso así, dos golpes le rozaron el brazo, dejándole pequeñas heridas superficiales. No obstante, esto no desanimó a Ye Ziwen ni un instante. —No subestimes tu oponente —advirtió Zhang Wei mientras avanzaba con una nueva ofensiva. Sus ojos se habían convertido en
dos focos brillantes, concentrando toda su energía en el próximo ataque. Ye Ziwen no dio muestras de temor. Con un salto rápido y preciso, él también lanzó varios ataques simultáneos. Las luces intercambiaron golpes intensos, resonando con cada impacto en la tierra dura del campo. El combate continuó así durante lo que pareció una eternidad. Cada movimiento era calculado y preciso, mostrando la maestría de ambos guerreros. Sin embargo, al final, fue Zhang Wei quien hizo un último golpe certero
que forzó a Ye Ziwen a retroceder. —Fue un combate emocionante —dijo Zhang Wei con una sonrisa respetuosa cuando finalmente se detuvieron. Aunque estaba victorioso, su rostro reflejaba una admiración por el habilidoso oponente que enfrentó. Ye Ziwen asintió, reconociendo la valía del enfrentamiento. —También fue un gran aprendizaje para mí. Ambos guerreros se separaron y caminaron hacia sus respectivos lugares, respetuosos y agotados por el intenso combate que acababan de sostener. Observando a los seis hombres que habían saltado