El Presidente de los Flash, 300 Días de Amor (300) Era una noche tranquila en la residencia presidencial cuando Ye Ziwen se encontraba sentado en su gran biblioteca. Las luces tenues iluminaban las miles de estanterías llenas de libros y papeles. El silencio era casi completo, solo roto por el crujir ocasional de las hojas de los libros al ser tocados. De repente, la puerta se abrió suavemente y Zhang Wei entró sin hacer ruido. Su presencia apenas se notaba
en la penumbra, pero Ye Ziwen no necesitaba verlo para saber quién era. —Zhang Wei — susurró Ye Ziwen, levantando la vista de sus papeles para mirar al hombre que había sido su amigo y asistente durante años. Zhang Wei se acercó lentamente a la chimenea y apoyó las manos en el gran marco. El fuego crepitaba con calma, iluminando momentáneos destellos en los rostros de ambos hombres. —Han tenido un día agotador — comentó Ye Ziwen, dirigiéndose a su
amigo. Zhang Wei asintió con la cabeza, sin pronunciar palabra. Sabía que no era necesario decir más; el silencio entre ellos transmitía suficientes emociones como para llenar cualquier vacío en la conversación. —¿Cómo estás? — preguntó Ye Ziwen de nuevo, buscando en los ojos y rostro de Zhang Wei una señal alguna de lo que su amigo había pasado ese día. Zhang Wei mantuvo su mirada fija en las llamas, sin cambiar el gesto sereno con el que siempre se
presentaba ante él. Pero en sus ojos, Ye Ziwen podía ver un destello de fatiga y preocupación. —Todo bien — respondió finalmente Zhang Wei, con una sonrisa forzada. Ye Ziwen no creyó ni por un momento que todo estuviera bien. Había notado cambios en su amigo recientemente: más preocupaciones en el rostro, ojos cansados al despertar y a la hora de acostarse, y cierta tensión en las posturas que antes nunca había mostrado. —No me mientes — susurró Ye Ziwen.
—Sabes que puedes hablar conmigo sobre cualquier cosa. Zhang Wei tragó saliva y luego asintió nuevamente. Finalmente, habló: —Es solo... — comenzó a decir, pero se interrumpió de nuevo, buscando las palabras adecuadas para describir lo que sentía. Ye Ziwen se inclinó hacia adelante, mostrándose paciente y comprensivo. —Dilo, Zhang Wei — le alentó su amigo. Zhang Wei suspiró profundamente y finalmente, con voz temblorosa, comenzó a hablar: —La presión... es demasiada. La responsabilidad de dirigir el país... a veces
me siento abrumado. — Su voz se quebró ligeramente en los últimos momentos, revelando una vulnerabilidad que rara vez mostraba. Ye Ziwen le puso una mano amistosa sobre la espalda de Zhang Wei. —Lo entiendo, amigo mío — dijo con firmeza. —Eres un gran hombre y lo haces bien. Pero recuerda, el equilibrio es importante. Necesitas cuidar de ti mismo también. Zhang Wei asintió, sintiendo una mezcla de alivio y gratitud hacia su amigo. —Gracias — susurró finalmente, con una