Una voz anciana y bondadosa resonó en los oídos de Chen Suyan: "¡Ey? ¿Quién habla? Este es el hogar privado del señor Xu, ¿quién es usted?"
Chen Suyan titubeó y dijo: "Madre Yuan, soy yo, Suyan..."
Antes de que pudiera terminar su frase, la voz bondadosa de Mother Yuan pareció temblar un poco: "¡Oh cielos! ¡Es usted, señora! Señora, ¿adónde te has ido? Me tienes a mí en esta esclava, querida. ¿Estás bien ahora que estás sola afuera? ¿No has sufrido?"
Chen Suyan no había visto a Mother Yuan en mucho tiempo. Al recordar los días en la Isla Ana, Mother Yuan le trataba como si fuera una hija biológica, y eso le causó un pequeño movimiento emocional. Su voz se quebró: "Madre Yuan, también extraño a usted, ahora vuelvo a la escuela. Madre Yuan, no se preocupe, estoy bien sola. Sí, en cuanto tenga tiempo, iré de nuevo a la Isla Ana para ver a Madre Yuan."
Mother Yuan dijo desde el otro lado: "¡Ay! Señora, nunca diga 'Isla Ana' delante del joven señor. El joven señor dijo que ya no quería llamarla así en adelante. Chen Suyan se sorprendió y preguntó: "¿Entonces, ¿llaman ahora a qué isla?"
Mother Yuan respondió: "Aún no hemos elegido un nombre. El joven señor dijo que la señora debía hacerlo cuando regresara."
Chen Suyan sentía una dulzura en su corazón. Xu Ye realmente estaba comenzando a tomar en serio su propio corazón, ¿verdad? Ana había pasado a ser un recuerdo en el corazón de Xu Ye?
Pensándolo, Chen Suyan se sintió con dulzura y le preguntó a Mother Yuan: "Madre Yuan, ¿está Xu Ye en casa?"
Mother Yuan dijo inmediatamente: "¡Está aquí! ¡Señora, espere un momento! Voy a llamarlo para usted."
Chen Suyan suspiró de alivio y escuchó el grito de Mother Yuan desde el otro lado del teléfono: "Joven señor! Joven señor! ¡Es la llamada de la señora!"