"¡Dímelo si piensas en mí! ¿Tienes miedo de admitirlo?" Meng Suoyan rió con burla, imaginando a Xie Ye sonrojado al otro lado del teléfono. Un hombre siempre serio que se mostraba algo tímido y avergonzado, ¡era tan adorable!
"¡Eres una niña traviesa! ¿Te atreves a tomarme el pelo? ¿No te da miedo que me enoje cuando te regrese a casa?" Xie Ye fingió amenazar al teléfono.
"No tengo miedo de nada. Lo único que temo es que no puedas aguantar la mano cuando sea necesario." Meng Suoyan rió, sabiendo cómo reaccionaría Xie Ye ante su broma.
"Está bien, está bien. No me hagas caso. Ahora el clima está hermoso, sal y da un paseo. Te beneficiará a ti y al bebé. ¿A dónde te llevaré que papá Zhang nos conduzca." La voz de Xie Ye estaba llena de preocupación.
"¡Sí, ya sé! Me iré a dar un paseo en un momento." La voz de Meng Suoyan sonaba alegre.
"Bien, no digas más. Hay una llamada entrante. A propósito,Date cuidado al salir." Xie Ye le dio un consejo amable.
"¡Sí, lo haré!"
"¡Sí, buena esposa! ¡Hasta luego!" Xie Ye habló dulcemente en el teléfono.
"¡Hasta luego!"
Después de colgar el teléfono, Meng Suay sintió una alegría inmensa y su estado de ánimo se tornó particularmente brillante. Xie Ye la amaba, amándola con todo él. En ese momento, Meng Suoyan se sentía tan feliz; había una frase que decía: "Encontrar a alguien que te ama y tú también lo haces, todos los días son felices". El amor era maravilloso, increíble. Esa sensación de cálida dulzura y felicidad no podía expresarse con palabras. Era algo tan precioso que no se podía obtener por nada en el mundo. Se comprometió a cuidar esa relación con todo su corazón y amaba a ese hombre de todas sus fuerzas.