Entonces, el corazón de Rú Lu estaba lleno de tristeza. Sentía que estaba atrapada en una malla propia. Si no hubiera cometido ese error al secuestrar a Xiaoxiao, ¿no habría pasado por esto?
Pero la vida no ofrece medicina para el arrepentimiento. A pesar del dolor interminable, el tiempo no daba marcha atrás y las penas no desaparecían.
"Tu sabor es bueno, lo buscaré de nuevo. Recuerda llamarme cuando me necesites. De lo contrario, expondré estas fotos que parecen pertenecer a una mujer fácil," Le susurró Liu Li al oído.
Para Rú Lu sonaba como un serpiente venenosa siseando cerca.
Liu Li le dio más placer y finalmente se marchó de la habitación. Antes de irse, soltó una carcajada llena de maldad que dejó a Rú Lu helada de miedo. Solo quedó ella sentada en el suelo, confundida.
Las lágrimas caían como gotas de un recipiente roto por sus mejillas. Cogió la ropa y la limpió sin importarle las manchas que dejaba en ella. De repente, empezó a llorar e incluso reír a la vez, parecía loca. Un sonido gutural salía de su garganta.
Los ojos de Rú Lu brillaban con odio. Con furia, golpeó el suelo y se detuvo en el abismo de hondo resentimiento hacia Xia An. Su amargura era como un volcán que estallaba, inundando todo a su paso.
¡Qué mierda eres tú, Xia An! Si no fuera por ti, ¿cómo habría vivido este infierno? Rú Lu se lamentaba en silencio, no pudiendo borrar la amargura de su corazón.
Y esta maldad todo lo arrastró. En el mundo había muchos hombres, pero Xia An, ¿por qué tenía que agarrarse al hombre que ella amaba? El resentimiento desfiguró el rostro y el corazón de Rú Lu, cargándole falsos crímenes a Xia An.
Rú Lu se juró a sí misma que no dejaría que Xia An pasara por lo mismo. Un día, haría sufrir a Xia An con la misma intensidad que ella había sufrido. Quería que Xia An experimentase el desprecio y la pisoteara como ella.
Esta lección no la venció; al contrario, sacó los factores oscuros de su interior. Su corazón era un monstruo que acechaba en la oscuridad, esperando el momento para devorar toda la luz.
Rú Lu estuvo llorando y luchando con la suciedad en este viejo edificio durante largo tiempo. Cuando sus lágrimas se agotaron, se dio cuenta de su situación, recogió ropa y se secó las mejillas. Intentaba huir de este lugar.
Al llegar a la puerta, Rú Lu giró para mirar el lugar, como si quisiera grabarlo en su memoria. Cada vez que lo miraba, el dolor crecía y su resentimiento se profundizaba. Un día, esta amargura se convertiría en un árbol centenario.
Después de un largo rato, Rú Lu dejó de arrinconarse así misma. Recogió ropa y salió del lugar con determinación, decidida a dejar ese infierno atrás.