Diente de Oro no tenía ninguna marca en su espalda. Habíamos regresado al punto donde habíamos empezado, y no podía ser casualidad; esta triste realidad me dejó sin palabras. Tenía que haber algo relacionado con el pozo subterráneo del desierto.
Recuerdo que el día anterior habíamos llegado a la antigua ciudad de Gǔtái en un río. Luego, habíamos entrado en una cueva misteriosa, donde lo peor parecía ser un mal sueño. Pero esta marca me asustaba, y sentía que mi espalda pesaba más cada segundo.
Diente de Oro se sintió aliviado: "Huo Haiye, no te pongas nervioso. Siempre hay una solución. Si es algo tan pequeño como un nevus, probablemente desaparezca con el tiempo. No es algo grave."
El gordo añadió: "No es necesario que vayamos a ver a un médico. Podemos simplemente quemarlo con un cigarrillo si eso nos tranquiliza."
"Dejémoslo estar por ahora", dije. "Esperemos hasta mañana para tomar cualquier decisión. Estamos vivos, ¡y lo celebraremos!"
El gordo se sirvió una ración del vino que había traído y exclamó: "¡Brindemos! ¡Nuestro viaje ha sido exitoso y tenemos vida por delante para disfrutarla! ¿Dónde estamos? Me parece familiar."
Al salir del túnel, me di cuenta de que habíamos regresado al mismo lugar. Dije: "¿Sabes cuánta suerte hemos tenido? ¡Hemos vuelto a nuestro punto de partida!"
El lugar donde salimos era el mismo donde habíamos caído en la cueva. Había pasado una jornada entera y no había visto ningún cambio en las marcas rojas que aparecían en mis omópolos.
El gordo y Diente de Oro se acercaron a ver las marcas, mientras yo me cambiaba de ropa. El gordo y Diente de Oro decidieron que volveríamos al pueblo vecino para buscar un médico.
En la posada de Gǔtái encontramos a un viejo cirujano local llamado Rú Lǎo, quien se especializaba en nevus y otras irregularidades cutáneas. Nos asesoró sobre tratamientos tradicionales que podrían ayudar.
"¿Sería posible que esta marca sea una forma de advertencia?", pregunté mientras caminábamos hacia la ciudad vecina.
El gordo me contó: "Esperemos encontrar algo en las ruinas de Gǔtái. Podría ser una señal para que busquemos ayuda o un secreto antiguo."
Los días siguientes nos permitieron descansar y explorar, mientras esperábamos que subieran los niveles del río Huang He y pudiera cruzarlo.
Regresamos a la posada de Gǔtái, donde encontramos una nueva habitación para nosotros tres. La marca en mis omópolos seguía allí, inmutable. Decidimos proteger "Nianxiangyu" con un cuidado especial.
En la noche, después del baño, hablamos con Rú Lǎo sobre las marcas y él nos recomendó que busquemos un médico de Gǔtái conocido por su habilidad en tratar enfermedades cutáneas. Al día siguiente, viajamos a una ciudad cercana para buscar ayuda médica.
Y así continuamos nuestro viaje, buscando respuestas y esperanzas a medida que el río Huang He comenzaba a transcurrir con más fuerza.