Klein no pudo evitar preguntar:
—¿Cómo te enteraste de nuestra seguridad?
—Visité todas las compañías de seguridad cercanas, incluso los detectives privados. Solo aquí en Blackthorn me mostraron esperanza. Parece que están muy ocupados y sin nadie para contratar.
Rosanne sonrió con ironía mientras le entregaba a Collins un informe formal:
—Aquí tienes todo lo que necesitas. Estamos dispuestos a recompensarte con 100 libras si encuentras el lugar donde se oculta el secuestrador, y 200 libras si logramos rescatar a tu hijo.
Klein miró a Collins con atención:
—Pero ¿cómo es que un tabacalero de la región sur tiene tan poca confianza en las autoridades policiales?
Collins sonrió con tristeza y explicó:
—El Sr. Vicroft no es un millonario, solo un comerciante normal. Y cree que la policía carece del profesionalismo para resolver casos como este.
Klein asintió comprensivamente. Rosanne, sin embargo, se mostraba impaciente por terminar el trabajo.
—De acuerdo —dijo Karl Collins—. Estoy seguro de que podríamos trabajar juntos.
—Entonces, ¿aceptas nuestra ayuda? —preguntó Klein.
Collins asintió:
—Sí, acepto encantado. La seguridad de mi hijo es lo más importante para mí.
Klein miró a Rosanne con una sonrisa:
—Perfecto. Karl, tienes la suerte de contar con mis habilidades y experiencias en el campo del detective privado. Te ayudaré a encontrar al secuestrador de tu hijo.
Collins pareció aliviado y se levantó:
—Gracias por tu ayuda, espero que podamos resolver este asunto pronto.
Klein y Rosanne firmaron el contrato, sellándolo con el sello oficial de Blackthorn. Collins salió de la oficina, agradeciendo la cooperación y asegurándose de que todo estuviera en orden para continuar su búsqueda.
El encuentro dejó a Klein reflexionando sobre las oportunidades y desafíos de trabajar juntos con nuevos clientes y compañeros de equipo en el mundo del detective privado.