Stiles se rió entre dientes: "Mamá, solo estamos al comienzo del invierno aquí. Además, ya he vivido en el norte antes".
Su madre suspiró: "Desde que naciste, has vivido en el sur con tu padre fallecido. Estudiaste en una pequeña ciudad llamada Li Yin en Jiang Zhe. Tu mamá es profesora de literatura en un instituto local. Temía por la calidad educativa allí y planeaba enviarte a estudiar afuera. Justo cuando tu tío trabajaba en el aeródromo, me propuso enviarla contigo. Para tu educación, acepté".
Stiles no podía evitar preguntarse: "¿Por qué elegir ese lugar tan lejos?"
De repente, un sonido de cariño y tentación proveniente del angosto rincón llamó su atención. Stiles miró en esa dirección.
Dos figuras estaban junto a una pared rojiza, cubierta de óxido. Una chica alta y provocativa se apoyaba contra el chico, con una actitud lasciva. El chico estaba de espaldas al muro, su ropa caída sobre su cuerpo.
Stiles no sabía que había un espacio entre ellos hasta que el ruido pareció acercarse más. La mano de la chica se movió hacia abajo, cerrándose en el pantalón del chico con un gesto evidente.
El chico detuvo su intento de avanzar con una simple mano sobre su muñeca. Mirándola con una mezcla de diversión y desinterés.
La cara de la chica se ruborizó, y decidió confesar: "Te amo".
Él simplemente escuchó, sin reaccionar, susurrando: "¿De qué forma?"
Su mano acarició el nudo rojo en su pecho, sus dedos rozando su piel con una delicadeza que desafiaba la indecisión. La chica se emocionó y comenzó a respirar agitada.
El chico jugueteó con ella mientras la miraba fijamente, haciendo que su respiración se acelerara: "Estás molesta".
Stiles sintió que el viento de pronto cesó, y las nubes rosadas en el cielo comenzaron a moverse lentamente. El aire se volvió cálido y húmedo, y Stiles sentía que no podía soportarlo más.
En ese momento, un chico miró hacia ella desde arriba. Sus ojos, de color negro como la noche, la observaban sin expresión alguna. Un fuerte viento arrancó del suelo y entró en sus pulmones, atravesándola con una sequedad que le dificultaba hablar.
"¡Debo marcharme!", exclamó Stiles, huyendo. La conversación entre los dos chicos se escuchó claramente a través del viento: "¿Estás perdida en tus pensamientos? ¿Has visto a alguien conocido?"
El chico contestó con un tono frío y metálico: "No".